8.4.19

Where dreams are made of

Hace unas semanas, de forma casual, inesperada y sin planificar, fui a Nueva York. Solo fueron 6 noches, cuyos días aproveché al máximo. Y no porque hiciera un millón de cosas, probablemente hice menos de las que podría haber hecho, pero hice mucho de lo que me apetecía hacer y de lo que deseaba siempre que soñana con ir a la ciudad.

De todas las cosas que disfruté, estas fueron probablemente mis favoritas:

0.- Anochecer desde el Top of the rock.-



Suena tan previsible como cierto. Daba igual el rato de espera para subir, el frío que hacía o la gente pesada dando empujones para hacerse el selfie (despeinado) perfecto. Ver el horizonte color naranja mientras el sol desaparecía entre los rascacielos fue espectacularmente guay.

1.- Vistas de Manhattan desde el ferry de Staten Island.-




Al montarme en el ferry me quedé en la cubierta, mirando hacia el embarcadero. De repente, nos empezamos a alejar y apareció la vista de los edificios cercanos. Y en un par de minutos ya se veía el skyline de Manhattan, el que tantas veces hemos visto en pelis, fotos, posters, etc. Me impresionó lo cercano y real que era todo y me quedé embobada durante mucho rato. Definitivamente, fue mi gran momento "wao" del viaje.

2.- Paseo por el barrio judío en Williamsburg.-


No, la foto no tiene nada que ver con los judíos, ni con Williamsburg, ni con Brooklyn.

Me llama la atención conocer el estilo de vida de personas que tienen costumbres tan diferentes a las mías. A pesar de haber visto un par de documentales sobre la comunidad judía ortodoxa en Nueva York, verlo en directo me impresionó muchísimo. Tanto que, desde mi vuelta, he estado leyendo mucho sobre el tema. Durante la hora y pico que estuve por allí no hice ni una foto, me sentí como invasora en un mundo que no era el mío y me pareció que fotografiarlo era una falta de respeto.

3.- El metro.-



Qué fácil me resultó moverme por la ciudad. Incluso más que en Barcelona (o en cualquier ciudad con metro que he visitado). Pautas tan sencillas como "downtown", "uptown", "salida X por la última escalera" hicieron que el tiempo que estuve sola no me perdiera ni me desorientara lo más mínimo. Nunca he viajado sola, pero los ratos que paseé a mi aire por la ciudad los disfruté mucho y mis viajes en metro fueron el resumen de esos ratos de disfrute.

4.- Leer en la biblioteca.-



El día que llegué fui a verla tras pasear por Bryant Park. Me gustó tanto como imaginaba, así que volví otro día solo por el gusto de sentarme un rato a leer un libro y actualizar mi libreta de viaje.

5.- La familiaridad del entorno.-



Fue una sensación extraña la de estar en un sitio nuevo y sentir que lo conocías. El cine y las series han influído en esto, claro está. Me ilusionaba ver los sitios que conocía de las películas y, lo que más, descubrir dichos lugares de manera casual. Desde que volví estoy un chisquín obsesionada y no paro de ver pelis localizadas en Nueva York y buscarlos en el mapa para saber si he pasado por allí o no, porque ahora todo me resulta conocido.


Si sigo pensando, hay una docena más de cosas que destacaría, como la cena en Buddakan, el crucero rodeando Manhattan, el paseo por Central Park, las vistas desde el One World, el mango tango roll, las compras por Harlem, las vistas nada secretas desde Dumbo...

En fin. Que viva NYC!!

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